martes, 31 de mayo de 2011

Lady Vaga y el ginecólogo chulazo

Queridas y queridos, por si alguno tiene dudas aún a estas alturas, os confesaré que mi relación antagónica con los ginecólogos no siempre fue así. Hubo un tiempo en que sus batiblanqueadas presencias no me provocaban taquicardias, sudores fríos y castañeteo de rodillas. Creedlo o no, es la verdad, acólitos.

Todavía recuerdo el primer ginecólogo que se cruzó en mi camino, ¡ay!, qué hermoso era. Para honrar su recuerdo como merece, le llamaré "el ginecólogo chulazo".

Sabed, queridas y queridos, que mis honorables ancestros nunca han sido partidarios de revisar partes del cuerpo "porque sí" ni de andar palpando redondeces a la búsqueda de bultos espurios ni, por supuesto, de meter dedos por orificio alguno (ni siquiera los que la ropa no tapa, no) así, sin ton ni son. Así llegué yo a cumplir 21 primaveras sin haber pasado por las manos de ginecastro ninguno y sí por las de algún afortunado partenaire.

En aquellos tiempos, oh lectores, Lady Vaga era el embrión daftpunkero de la diva refinada que ahora conocéis. Es decir, ya era VIPerina hasta la extenuación, pero hoy día me encuentro harder, better, faster, stronger, sin perjuicio de admitir que entonces tenía las tetas algo más alpinas y el orgullo menos baqueteado.

Me dio por estudiar una lengua extranjera que en el futuro me traería inconmensurables alegrías y fue la primera de ellas coincidir en clase con un espécimen masculino alto, moreno y de piel tostada por el sol que nos hacía suspirar y mojar el underwear a todas las damas concurrentes. No entraré en detalles físico-escultóricos, porque sé que al menos una de mis lectoras, Lady Rabbit en concreto, está sin bragas ahora mismo y no quiero que haga efecto ventosa en la silla del despacho. Perdonadme, pues, y culpadla a ella de la curiosidad en que quedáis sumidas. ¡Se siente!

Un día, durante el descanso, el macho ibérico se me acerca y comenzamos a charlar acerca de nuestras respectivas profesiones y vidas. Se extraña sobremanera de que, a mis años, aún no me haya subido al potro de ningún profesional -si bien siempre me he considerado una consumada amazona, digna descendiente de Andrómaca- y procede a explicarme cómo es una revisión. Os ahorro los detalles técnicos que, por otra parte, casi todas conocéis o podéis imaginar, y voy al meollo, que tuvo lugar después de que yo le dijese que no veía necesidad de que nadie me metiese dedillos o aparatejos por ahí abajo sin antes besarme el cuello o llevarme a cenar:

- Tú vente un día a mi consulta, Lady, que muchas decís que preferís una chica, pero las chicas te van a meter dos dedos para revisarte y yo no, yo lo hago con uno- y me muestra su mano derecha, del tamaño de una raqueta de paddle, a juego con sus casi dos metros de dorado esplendor.

- Pero ¿de verdad te crees que enseñándome esa pedazo de mano que tienes me van a dar ganas de ir a tu consulta?

Y aquí viene mi consejo, niñas: nunca, nunca, nunca dejéis que os revise los bajos un ginecólogo chulazo que busca clientas entre sus compañeras de clase. Porque lo más probable es que no sea ni médico ni nada y solo quiera aprovecharse de vuestra inocencia y franco candor. Y si un tío tan guapo recurre a esa pésima estrategia en vez de a fardar de físico, es que alguna tara importante tiene.

He dicho, nenas, luego no os quejéis de que no avisé.

lunes, 30 de mayo de 2011

Y otra carta de amor para nuestros ginesaurios queridos...

Queridas y queridos, os informo de que (sí, se informa "de"; decirlo sin preposición está mal, majetes. ¿Que soy una talibana ortográfica? Ya, y de la lactancia también, según algunos, ¿pasa algo?) en la sección "Descarga tu Plan de Parto" podéis encontrar el Plan de Parto Subversivo original, en sus versiones imprimibles de una y dos páginas, así como dos versiones epistolares confeccionadas con el mismo para enviar el próximo 7 de junio: la original que ya todos conocéis y la que Lady Destroyer, una misteriosa activista con muy mala leche y muy buen humor, ha modificado para dejarlo más acorde con sus deseos y necesidades de expresión.

Lady Destroyer, te agradezco que estés tan cabreada y tan dispuesta a ayudar. Los empleados del servicio de Correos también te lo agradecerán.

domingo, 29 de mayo de 2011

¿15.000 en una cama?

Queridas y queridos, como el domingo es un día de perezoso asueto y sé que ni os pasáis por aquí (lo cual me parece magnífico, puesto que supongo que estaréis dedicándoos al fornicio, al cuidado de vuestros retoños, a lavar el coche como tantos tuneros de pro o simplemente a vaguear, loable afición donde las haya), vengo sólo a deciros que algo tendrá Lady Vaga que os pone cachondillos, os vicia y os engancha, porque:
  • Desde que puse el ordenador en la cama, el pasado 30 de marzo, me habéis visitado más de 15.000 veces.
  • En lo que va de mayo, se han superado las 10.000 visitas.
  • El Plan de Parto Subversivo va por las 2.500 visitas ¡y subiendo!, que no es moco de pavo teniendo en cuenta que se ha compartido en Facebook y en muchos otros blogs.
Así que, queridas y queridos, gracias por la compañía virtual, el apoyo, los encantadores mensajes y la presencia aun en la distancia. Han sido ocho semanas maravillosas y espero que os quedéis con Minimacho y conmigo otras catorce, como poco.

Y ahora, dolce far niente hasta mañana, que para eso es domingo.
Besos perezosos,
Lady Vaga.

sábado, 28 de mayo de 2011

Una carta de amor para la SEGO

Queridas y queridos, como yo soy Vaga redomada y sé que vosotros en el fondo también, he pensado que alguien debería ponéroslo fácil para que el día 7 (Día Mundial de los Derechos del Nacimiento), que ya está muy cerquita, no tengáis excusa para el escaqueo.

Como recordaréis, Lady Rabbit tuvo la genial idea de enviar el Plan de Parto Subversivo a la SEGO y a cuantos ginecólogos en nuestras vidas se han portado vilmente con nosotras (o con vuestras novias, hijas, madres o hermanas, que también necesitamos y agradecemos vuestro apoyo, chicos) y en eso estamos, organizando un envío masivo del cual nos encantaría que formaseis parte. Y como sé que si no os lo damos todo mascadito no os movéis del sofá, me he dignado redactar una carta modelo, con su encabezamiento, su remitente, su remite y todo menos flores en los márgenes, para que no tengáis más trabajo que descargarla, cambiar la fecha y darle al botón de "Imprimir". Podéis conseguirla aquí o en la sección de descargas, a la derecha de la página.

Os recuerdo que estáis invitadísimos a uniros a la página de Facebook "Señor ginecólogo, si Vd. sabe parir mejor, adelante" para obtener un listado de posibles destinatarios, participar y sugerir ideas y que sois completamente libres de redactar vuestro propio escrito (faltaría más) o poner otro remitente (éste se le ocurrió a una de nuestras colaboradoras y nos pareció muy ingenioso y apropiado) si es vuestro deseo.

Me encantaría que colaboraseis con nosotras en esta divertida acción cuyo único propósito es recordar a los ginecólogos anticuados que somos personas y no contenedores de bebés. Si nos sale bien, no dudéis de que prepararemos otras periódicamente a ver si van espabilando.

Y ahora, voy a reclinarme, que me duelen las yemitas de escribir,
Lady Vaga,
la diva que divaga.

viernes, 27 de mayo de 2011

El sueño de Lady Vaga

Queridas y queridos, las divas también soñamos. Y es curioso que, en sueños, todos los mortales somos más o menos iguales, con nuestros miedos, nuestras esperanzas y nuestras asociaciones de ideas desconcertantes... Bueno, todos, menos Paris Hilton, que no tiene ideas que asociar, y Justin Bieber, a quien el flequillo no deja distinguir si está despierto o dormido.

Sin ir más lejos, yo llevo dos noches soñando con Minimacho. Anteanoche, justo antes de cumplir la semana veinticuatro, soñé que moría. No recuerdo cómo lo supe, pero de pronto me llevaba la mano a la barriga y sabía, con ese tipo de certeza que sólo se da en los sueños, que mi Minimacho había decidido dejarme. Desperté completamente angustiada por aquel sueño cuyo recuerdo aciago se dedicó a amargarme el día de ayer.

Pero como mi cerebro me quiere mucho y sabe que dependo de él (y de las cerezas que han pasado a ser el elemento fundamental de mi dieta desde hace un par de semanas), anoche me envió otro mensaje onírico y me proyectó la película "Puedes parir a Minimacho", protagonizada, como no, por mi excelsa persona y por el susodicho Mini.

En el sueño estoy en pleno trabajo de parto, en mi casa, con Lord Muchomacho y nuestra comadrona. Ella me explora y dice que sigo de tres centímetros y que llevo no sé cuántas horas estancada, así que cree que lo mejor es irnos al hospital. En ese momento recuerdo nítidamente todo cuanto viví en mi primer parto: las broncas como si yo fuese una niña pequeña, la despersonalización, el miedo, el calor asfixiante de aquel box, las ironías de la comadreja comadrona y de la carnicera ginecóloga... Y no quiero ir; sé que si voy al hospital me harán otra cesárea y no creo que pueda soportarlo... Le suplico a mi comadrona que me dé media hora más, sólo media, y ella accede.

Hablo mentalmente con Minimacho, me acaricio la barriga, y le pido que me ayude. Le explico que aún tenemos unas cuantas horas por delante y que en casa estaremos más cómodos, que mamá no quiere ir todavía al hospital pero que lo hará si es imprescindible. Y Minimacho me escucha; lo sé porque soy su madre. Además, tiene toda una vida pendiente aquí fuera para ignorarme y desobedecerme, ¿y no es eso un magnífico aliciente para decidirse a nacer?

No me preguntéis cómo, porque es una de esas elipsis temporales que sólo suceden en los sueños y en algunas monumentales borracheras, pero lo siguiente que veo es que tengo ganas de empujar (aunque sólo ha pasado esa media hora de gracia, o quizá ni siquiera) y que entre mis piernas asoma, morenita y redonda, la cabeza de Minimacho. Noto su cuerpo resbalando a través del mío y las lágrimas mojándome la cara; la mano de Lord Muchomacho me acaricia el pelo y sonrío mientras lloro. Unos segundos después, los hombros de mi chicuelo se deslizan fuera de su primer apartamento y mi comadrona lo recoge para ponérmelo sobre el pecho.

Yo creo que el sueño de esta noche bien vale para anular el anterior, ¿no? Y lo mejor de todo es que, si la comadrona estaba en casa con nosotros, significa que en el sueño Minimacho se esperaba hasta su semanita, pacientemente y sin adelantarse...

Así que, queridas y queridos, Lady Vaga parirá y lo hará como una reina: bien acompañada y mejor asesorada, en su casa reconvertida en Bat-cueva para la ocasión y sin manos inoportunas que le hurguen los bajos. O no sería yo una diva.

miércoles, 25 de mayo de 2011

¿Por qué escribes un blog? Premio al blog enriquecedor

Me pregunta Diana por qué escribo este blog y tiene el detallazo de decir que La Vida de Lady Vaga le ayuda a ver las cosas de otro color. No contenta con ser así de maja, esta mujer con nombre de diosa me otorga un premio y todo, cuya dotación económica aún no me ha sido comunicada:



Aunque yo creo que esa pregunta la respondí en la primera entrada, "Bienvenidos a la cama de Lady Vaga", no me importa volver a contar la misma historia una y otra vez, tengo complejo de tertuliana.

Estoy embarazada del que será mi segundo hijo y al cual, para los efectos que al blog atañen, podéis llamar Minimacho; mañana cumplo veinticuatro semanas, unos seis meses aproximadamente (día arriba, día abajo). Mi embarazo iba viento en popa, hacía vida normal, iba al trabajo, cuidaba de O. G. (mi hijo mayor, un precioso bebé seductor cuyo hobby principal es besar chicas e invitarlas a palomitas, sean vendedoras del Leroy Merlin, encargadas de Pronovias o policías nacionales), colaboraba con El Parto Es Nuestro, hacía muchos arrumacos a mi guapísimo y altísimo Lord Muchomacho (arrumacos y todo lo demás, que así es como se queda una embarazada, queridas mías), me calzaba el tacón catorce horas diarias y todas esas cosas que ya os imagináis y que son consustanciales a mi espectacular vida. Ni que decir tiene que me encontraba divinamente, quitando las náuseas (que, por otra parte, también me dan en el trabajo cuando veo a según qué paisanaje entrar por la puerta) y la somnolencia extrema.

Sin embargo, la madrugada del 15 al 16 de marzo, tuve una fisura en la bolsa de líquido amniótico (bolsa dichosa, si por mí fuese te habría puesto remaches y plástico de doble densidad, puñetera), lo cual me llevó directa al Hotel Espe, donde me quedé dos semanitas a pensión completa, spa y relax hasta completar mi tratamiento de antibióticos y terminar con la paciencia (ya mermadita de serie) de mi agradable carcelera, la doctora Fistra, una encantadora mujer con la que algún día me tomaré un té mientras jugamos a adivinar en cuál de las dos tazas está el laxante de caballo. Os recuerdo que, según esa doctora, Minimacho tenía muy poquitas posibilidades de salir adelante y, si lo lograba, sería en todo caso un gran prematuro (para lo cual tendríamos que llegar antes a la viabilidad, las veinticuatro semanas que mañana se cumplen).

Pasados esos catorce días, pedí el alta voluntaria para continuar con el reposo en mi residencia privada, dotada de TV en color, baño completo, terraza con vistas y cama tamaño familiar (y nunca mejor dicho, porque hace ya dos años que ahí no se duerme de dos en dos), además de menús a la carta mucho más nutritivos y gustativamente entretenidos que los que me servían en Hotel Espe, que no dejaba de ser un resort bastante aburrido para mí.

Actualmente, continúo de baja médica hasta nueva orden, si bien la doctora que me lleva es bastante más optimista en cuanto al riesgo de Minimacho y me da permiso para pasear, airearme y sintetizar vitamina D al solecito matinal, lo cual mi cuerpo serrano y yo agradecemos más que un Euromillones en este momento vital.

El objetivo, como ya sabéis, es llegar a septiembre, que es cuando salimos de cuentas, y entonces liberar a Minimacho y que nazca en la fecha que más cabalística y simpática le resulte. Por eso escribo este blog: para entretenerme hasta entonces y para que todas las mujeres, embarazadas o no, que pasen por aquí sepan que si tienen la misma mala suerte que tuve yo con la fisura no tienen por qué desesperarse ni dar todo por perdido.

Desde mi diván os lo digo,
palabra de Lady Vaga.

martes, 24 de mayo de 2011

Vestida para el éxito, embarazada y divina

Mis chicas de septiembre, cuya "dulce espera" terminará más o menos por las mismas fechas que la mía (¿verdad, Minimacho? Que lo llevamos diez semanas hablando...), me animan a frivolizar un poquito hablando de moda para embarazadas y yo no soy nadie para llevarles la contraria, pues sé que sin sus visitas mi pequeño oasis bloguero sería más bien un erial con menos animación que la despedida de soltero de Alfonso Díez.

Cuando estoy embarazada y me da por mirar el armario, recuerdo siempre a Marta Sánchez quejándose de que no conseguía encontrar ropa premamá favorecedora y, en parte, estoy de acuerdo con ella: hay mucho saco estampado de floripondios y pocas cositas realmente ponibles y llamativas. Porque ¿no os pasa a vosotras que os sentís muy atractivas y sexys con la barriguita? Nenas, es total, porque disimula el posible michelín que pudiéseis tener, queda redondita y monísima y (sí, lo corroboro) de perfil hace que el trasero se vea muy muy bien. Salvo la ciática, todo son ventajas.

En mi caso, quizá sea por el confinamiento forzoso o porque me da poco sol, pero reconozco que pocas veces en mi vida me he sentido tan a gusto con mi cuerpo como con este embarazo (y eso que mientras estuve ingresada le regañé doscientas doce veces por fabricar bolsuchas frágiles y blandurras tipo las de tubérculo del Carrefour en vez de sólidos bolsacos como los que dan en Sánchez Romero); cualquier cosa que me ponga me da la sensación de que me queda monísima; otra historia será verme después en foto, pero eso esperará hasta después de los calores. Menos mal que yo no soy de subir mis looks a Chonísimo Chicísimo.

Así que aquí os dejo con mi guía de compras para embarazadas, que no es más que una lista de sitios y trapos que a mí me funcionan. Sentíos libres de añadir las tiendas o prendas que más os gusten, de criticar y hasta de sorprenderos por la poca ropa premamá que en ella encontraréis (de hecho, nada en la lista es de premamá salvo que lo indique expresamente). Eso sí, os garantizo que de todo lo que figura en la guía hay talla tanto para esbeltas como para generosas de formas y que lo podréis reutilizar, si no para el posparto (por el cambio de estación), seguro el verano que viene aunque estaréis mucho más flaquitas.
  1. Los vaqueros: en mi armario son imprescindibles, embarazada o no. Ideales de precio los de premamá de Kiabi, aunque es casi misión imposible quitarles el olor a fibra textil (y eso que les he pegado buenas palizas en la lavadora y la secadora). Si, como a mí, os incomoda esa especie de fajín que incorporan para taparte la barriga, podéis descosérsela y os quedarán unos monísimos vaqueros a la cadera.
    Las adictas al talle bajísimo podéis pasar todo el embarazo con vuestros vaqueros de antes; yo intenté comprar unos así al principio, pero no tuve suerte y todos los que encontraba eran de caja más alta de lo que resulta cómodo en nuestro estado, así que recurrí al premamá.
    Lady Vaga aconseja: chicas, lucir hucha es una ordinariez os pongáis como os pongáis. Por favor, evitadlo a menos que sepáis que vuestros espectadores van a introduciros moneditas por la zona, en cuyo caso siempre podéis rotularos encima "Insert Coin" para facilitarles la labor.
  2. Tapando la tripita: con pantalones de talle bajo y camiseta puede pasar que se os quede la barriga al aire y no siempre apetece. En Kiabi hay unas bandas para la barriga muy monas que solucionan ese inconveniente, aunque no se mantienen en su sitio todo el tiempo hasta que el embarazo está muy avanzado. Usos alternativos para las bandas: póntela como un palabra de honor cortito para llevar en la piscina encima del bikini.
  3. Vestidos: para preñeces estivales, nada más fresco que un vestido de algodón. A mí me privan los de estilo ibicenco, que podéis encontrar en Primark por menos de 20 euros (yo me compré uno el año pasado por 11 y ahora le estoy sacando muchísimo partido), o los hippies estampados con nido de abeja en el pecho (low cost también en Primark), que podéis llevar incluso sin tirantes para lucir súper sexys.
    Últimamente he encontrado algunos muy bonitos y bien de precio en Blanco (os diré que sin ser delgada he entrado en la talla M, así que, sí, hay talla para todas); por lo holgado que me va el vuelo de la falda, calculo que ese vestido llegará hasta el final del embarazo, o casi.
    En la sección juvenil de Zara también encontraréis cosas monas y prácticas; tengo uno de mi primer embarazo que me está dando un resultado fabuloso.
    En New Yorker encontraréis vestidos y blusas favorecedores y muy combinables para vaqueros o leggings.
    Ojo con los vestidos cortos: quedan muy monos, pero prestad atención al largo y tratad de calcular cómo os quedarán conforme crezca la tripa o podéis llevaros sorpresas... Tengo un par de H&M que, sin ser de premamá, quedan preciosos, entallados y drapeados desde el hombro a la rodilla. Marcan la tripa de una manera súper sexy y son comodísimos; eso sí, como no eran de premamá y el corte era tan ceñido, tuve que comprarme un par de tallas más para estar a gusto.
    Lady Vaga aconseja: no tengas pudor en probarte una talla o dos más de la que sueles usar si el vestido te gusta; en el peor de los casos siempre lo podéis arreglar si adelgazáis más de lo esperado tras el parto. Es mejor que te quede un poco suelto que ir en plan morcón por la vida, y si no, que se lo digan a Beyoncè.
  4. Marcar tripita: a veces, de perfil tenemos sensación de "mesa camilla". Supongo que a las famosas también les pasará, porque por mucho vestido de gala que luzcan en la alfombra roja estando preñis, me he fijado en que evitan posar de lado. Cuando tengamos la panza ya grandota y nos veamos muy anchas de perfil, podemos recurrir a un cinturón a la cadera, bien sea uno ancho de cuero (queda fenomenal combinado con las sandalias o botas country para las más atrevidas) o un cordelito de algún otro material (me gustan especialmente las trencitas largas con las que puedes dar dos vueltas, una por encima y otra por debajo de la barriga; dan un aire griego muy vistoso con los vestidos largos). Cuidado con apretároslo demasiado, corréis el riesgo de parecer representantes de embutidos.
  5. Ropa interior y de baño: me declaro abiertamente adicta a Change of Scandinavia desde que se instaló en España. Los precios, más que razonables; los diseños, sexys y prácticos; hay variedad de colores, de estilos y, lo más importante, de tallas (pero de verdad). Con deciros que yo he encontrado un sujetador sin tirantes espectacular (y me cuesta horrores, porque soy muy exigente en ese aspecto) Si os resistís a dejar de usar aros en el embarazo, aquí encontraréis sujetadores con aros hasta que deis a luz y de lactancia después. Además, suelen hacer promociones y descuentos muy rentables. Ah, los chicos: si queréis hacer un regalo "especial" a vuestra preñadita preferida, podréis comprar su talla directamente si ella tiene tarjeta del Club y darle un sorpresón.
    Respecto a las bragas (me niego a decir "braguitas", lo siento), en el embarazo las prefiero lo más bajitas posible para que no me incomoden en la parte de abajo de la barriga. Últimamente, las más prácticas que he encontrado son las de Sloggi, muy a la cadera, sin costuras y de tono visón que no se notan absolutamente nada de nada ni siquiera con vestidos blancos finos. Que no es plan de ir como la española del british bodorrio del mes pasado, que se le notaba el glúteo comprimido por la braga, no señor.
Y, de momento, no se me ocurre nada más, salvo recordaros que no por estar embarazadas debemos dejar de preocuparnos de nosotras mismas (en la medida en que podamos y queramos, claro, que no todas somos igual de fashion victims ni tenemos por qué) y que una sesión de peluquería la deja a una nueva y bien alta de moral.

Ya iré actualizando con lo que vaya recordando (sabéis que mis neuronas son pocas y están a muchas cosas), pero os recuerdo que podéis añadir lo que os apetezca a la lista.

sábado, 21 de mayo de 2011

Lady Vaga se escapa de casa

Queridas y queridos, sé que no debía, pero mi deber democrático me llamaba, así que me he saltado el reposo como una campeona para irme a la #acampadasol y ha sido una maravilla. Me habría arrepentido mucho de perdérmelo.

Sin querer, al ir pasando entre la gente, me interpuse entre la cámara de fotos de una chica y su modelo, así que salgo en toda la foto como una especie de presencia ectoplásmica que ni Iker Jiménez podría explicar. Me he disculpado amablemente por chafarle la foto (o por mejorarla, depende de con qué prisma lo miremos), nos hemos reído y le he dicho que soy la famosa Lady Vaga, por si quiere venderla al ¡Hola!... ¡Ingenua de mí, que no sabía entonces que había ya Planes de Parto Subversivos colgados por Sol y me lamentaba por no haber traído mi propia remesa para pegarlos por las paredes...!

Querida fotógrafa, si me lees, aprovecha y vende la exclusiva, una imagen de Lady Vaga embarazada de casi seis meses acompañada por Lord Muchomacho y O. G. fijo que vale un pastizal; y si aún no te da para retirarte con lo que le saques, guárdala y espera unos cuantos años. Te garantizo que, en el futuro, esa fotografía valdrá mi peso en oro.

Por lo demás, queridas y queridos, qué subidón, que ambiente tan bueno de alegría, ilusión, respeto (ni un empujón y eso que estaba lleno)... Gente de todas las edades y opiniones unidos por un elemento común: que estamos todos hartos de que nos mangoneen. Ha sido increíble.

Lord Muchomacho y O. G. debían de llamar la atención de las fotógrafas también, profesionales o amateur, puesto que una de ellas les ha hecho a bocajarro una foto con un pedazo de objetivo que me temo que se les podrán incluso contar los poros. Y es que un hombre tan alto y guapo como mi Muchomacho llevando en brazos a un chiquitín tan picaruelo como O. G. no es algo que se vea todos los días... Ahora añadidle a la despampanante Lady Vaga con barriga redondita de preñez y luciendo canalillo y ya sabéis por qué otro señor se ha dedicado a hacernos fotos mientras nosotros nos sacábamos algunas de recuerdo con el móvil en plan familiar.

Pues eso, que vengo muy contenta de haber estado allí y sólo me fastidia no poder quedarme más por el dichoso reposo. Reflexionad estos cinco minutos hasta medianoche y a la camita, que mañana toca cambiar el país.

viernes, 20 de mayo de 2011

Lady Vaga vs. el terrible Jefe de Servicio

Temía yo aquel momento como a una vara verde. Queridos y queridas, por fin había sucedido: no llevaba ni una semana ingresada y la dra. Fistra, harta de mi histeria, mi impertinencia, mis interrogatorios a las enfermeras (porque ella no se dejaba, la jodía) y mi belleza espectacular incluso a cara lavada, vena rota y antibiótico a go-gó, reaccionó.

En una noche de luna creciente, la Fistra se cambió la bata blanca por otra negra, se pintó los ojos con alheña e invocó a su dios, su superior, el omnipotente Jefe de Servicio. Entre vapores de azufre y truenos de tormenta, el Jefe de Servicio se le apareció, se sintió complacido por su danza (reggaeton-fox, ecléctica que es ella) y por sus ofrendas (unas cuantas embarazadas atadas a sus camas a las que había inyectado hierro en vena para que su malestar ayudase a atraer al Supremo) y escuchó su petición. La Fistra, como groupie de segunda regional, necesitaba a su Jefazo para achantar a una preñada inoportuna que se negaba a palmar de una infección y se revolvía cuando le decían que su bebé iba por el mal camino. El Maligno se avino a reducir a la subversiva elementa, cambió sus patas de cabra por unos pantalones de pinzas y se calzó las gafas de reñir.

Os diré que la Fistra es una maestra del suspense digna de epatar a Hitchcock si ambos coincidiesen por ahí: me adelantó en una de sus visitas que al día siguiente vendría a verme el jefe de servicio, que quería hablar conmigo. Mi pobre esfínter anal se contrajo para retener un pedete de miedo (por suerte, lo consiguió) y ella disfrutó el momento, cual madrastra de Blancanieves (blanca estaba yo ya por esos días a base de antibióticos y pinchazos en la vena, sí).

La mañana que le correspondía apareció el jefe de servicio. Yo le temía, pues Lady Rabbit me había contado que durante su cesárea él estaba en quirófano y bromeaba diciendo al cirujano "ten cuidado, que cortas al bebé", lo cual a mí me parecía poco menos que sádico. Debo decir que físicamente me sorprendió, pues yo esperaba un prodigio de maldad tipo macho cabrío y él, en cambio, escogió manifestarse en la forma de un señor de mediana edad y estatura corriente, con pelo canoso y nada amenazante en general.

Decidió ser directo, lo cual yo agradecí, pues sabéis que estaba aquellos días muy atareada y no podía dedicar demasiado tiempo a menesteres prescindibles. Le invité a sentarse, pero él declinó mi gentil oferta, supongo que por aquello del lenguaje no verbal.

- Me han dicho que no está usted conforme con cómo se está llevando su caso, que dice que no la informan.

- Efectivamente, doctor, no me informan. Tengo que preguntar a las enfermeras, las cuales no tienen ninguna obligación de contarme nada- sonrisa, tono dulce, ojos grandes de muñeca. Hay que ganarse al enemigo.

- Bueno, lo que se le cuenta es lo que se sabe. ¿Qué quiere usted saber más?- pregunta peligrosa. Sopeso mis opciones durante una décima de segundo, intentando escoger la menos mala- No tenemos ni idea de cómo va a evolucionar su caso, así que nadie puede darle esa respuesta.

- Doctor, ¿sabe cuál creo yo que es el problema? Soy yo- los ojos del médico se abren un poquito más, demostrando su incredulidad ante lo que acaba de oír-, que los sobrevaloro. Tiendo a pensar que saben tanto, tanto, que tienen todas las respuestas, y claro, supongo que algunos de sus compañeros se sienten abrumados- toma, Fistra, pedazo de zorra, esquívala si puedes-. Me pongo en sus manos y me gusta que me expliquen bien las cosas; supongo que valoro demasiado su profesión...

Visiblemente halagado, el jefe de servicio baja la guardia:

- Bueno, no somos dioses- ya le gustaría a él-, sino personas, y no podemos saberlo todo. ¿Tiene alguna otra pregunta?- aprovecha para resumirme brevemente lo que yo ya sé: hay un indicador de infección que me sube en cada nueva analítica, pero todos los demás continúan perfectos, lo cual les tiene algo despistados y por eso están a la espera de ver qué sucede, la infección no puede confirmarse ni descartarse con los datos de que disponen. Muy bien, esto podría hacerlo mi doctora, pero no le sale del parrús, prefiere hacerme jugar al tangram con la información que me suministra troceada cual menestra verdulera.

- Bueno, doctor, entonces- sonrisa, parpadeo de pestañas abanicantes cual pai-pai tropical, voz calculada (que para eso me tiré años en la radio)-, ¿en cuánto se me tendría que quedar la PCR para que ustedes pudiesen descartar del todo la infección? Para que me manden a mi casa...

- Pues con que se quedase en torno a veinticinco o treinta ya nos serviría...

- De acuerdo, pues para mañana la pienso tener en treinta, doctor- él ríe y yo también.

Objetivo conseguido: hemos toreado al miura y hasta le hemos acariciado un poquito la testuz. El jefe de servicio se despide con amabilidad y se marcha y yo me quedo en la habitación tan satisfecha como si me hubiese acabado de hacer un circuito spa completo con peluquería, manicura, pedicura y orgasmo incluidos.

Lord Muchomacho, que tuvo que dejar la habitación al comienzo de la cumbre porque O. G. se estaba manifestando en contra de la clase médica a pleno pulmón, vuelve y me informa de que el doctor ha salido sonriendo y con aspecto sereno. Yo le explico que le he lijado los callos, es decir, que le he peloteado como una campeona.

Y es que la Fistra podrá ser más vieja y con más experiencia, pero a mí a zorra con estilo no me gana nadie. Que se enteren los ginesaurios del mundo. Lady Vaga es una cabrona con clase, ya sea postrada en la cama o subida a unos tacones que darían envidia a Leti.

jueves, 19 de mayo de 2011

La Dra. Fistra habla off the record

Estaba yo anoche desvelada (me pasa a menudo últimamente), pensando en las patillas de Hugh Jackman cuando interpreta a Lobezno, ínclito repartidor de hostias (¿de qué os extrañáis? ¿Es que no se puede ser diva y que además te gusten los X-Men?) cuyos brazos como mazas siempre me inspiran hermosos sueños, y de repente, no sé qué extraña asociación de ideas que no quiero desentrañar porque fijo que me autoenvío al psicoanalista pero para no volver jamás de los nuncas, me hizo recordar que aún no os he contado el glorioso día en que la dra. Fistra decidió que yo tenía dos problemas. Bueno, tres si contamos con su batiblanqueada presencia matinal en mi celda.

Creo (permitid que mi memoria selectiva no sea exacta ya, puesto que la uso para seleccionar modelitos y libros y menos para retener fechas; eso ya lo hice en la universidad) que fue al día siguiente de negarme a que me hicieran dos analíticas diarias (ya os lo cuento otra mañana). Yo estaba en mi monástica estancia, lánguidamente estirada en mi lecho, reunida con la psiquiatra (que sí es encantadora y sí lo digo en serio), a quien nunca podré agradecer lo bastante su calidad humana y su dedicación, cuando llegó ella. Ese mismo día había terminado el tratamiento antibiótico y, según los médicos, se abría el tenso compás de espera antes de que la infección que en teoría me aquejaba y que mantenía altos los valores de la PCR se manifestase, atacando a mi bebé y quizá a mí (recordad que la dra. Fistra ya había amenazado a Lord Muchomacho con que se quedaría viudo si yo me iba a mi casa y me daba una sepsis fulminante), por lo cual yo me sentía especialmente vulnerable.

Precedida de una súbita bajada de varios grados en la temperatura de la habitación, la puerta se abrió sin más preámbulo y la dra. Fistra hizo su aparición estelar. Venía guerrera, porque yo me había rebelado abiertamente contra una orden suya (la segunda analítica del día). Venía walkyria, la melena al viento, los ojos brillantes, los labios contraídos en un rictus de cólera. Me habría cagado por la pata si no fuese porque las chicas finas lo hacemos en el wc, a puerta cerrada y echando bien de papel en la taza para que no se oiga caer el desecho (y además, después de nueve días de antibióticos, poco me quedaba por soltar) pero, por si acaso, adopté la táctica del bicho bola: me encogí sobre mí misma y guardé un silencio tan sepulcral que no os lo habríais creído.

- Bueno, ayer se negó usted a que le hicieran otra analítica y puede hacerlo por la Ley del Paciente- yo pienso "mami, no me riñas". Su tono es mitad reproche, mitad incredulidad-. La PCR hoy está en 86, es decir, igual que ayer.

- Doctora, pero es una buena noticia, ¿no? Porque algo ha bajado desde el día anterior- yo ya lo sabía, me lo había contado una enfermera, majísima como todas las que traté durante mi estancia.

- No, no lo es porque sigue muy alta. No lo considero una bajada; además, hemos quitado los antibióticos y lo que tenga dará la cara. Me han dicho que le duele la garganta. ¿Por qué no me lo ha dicho hasta ahora?- aquí estaba rebotada, rebotada. Si llega a tener tubo de escape, habría hecho "vrooooom, vrooooom".

- Doctora, me duele hace una semana, he estado varios días con paracetamol. Se lo he ido comentando a las enfermeras, ya no me...

- No es a ellas a quienes tiene que contárselo, sino a mí.

- A ver, si me han estado dando paracetamol es porque les he hablado del dolor a todos los médicos que han ido viniendo, si hasta me han palpado el ganglio inflamado varias veces. Además, que yo supongo que se comunican entre ustedes...

- Nuestra vía de comunicación funciona perfectamente, pero usted a quien tiene que hablar es a mí- como si me dejase hacerlo, la tía bruja, que solo interrumpe y no le interesa lo que le cuento-. A mí me tiene que contar hasta lo más nimio, que estamos buscando el origen de la infección.

- Bueno, pues ya que lo dice, no lo tome a mal, pero tengo el ojo izquierdo como si me fuese a salir un orzuelo...

- A ver. Bueno, el párpado está algo inflamado. Luego le traerán un colirio. Ahora mismo la llevarán a Urgencias para hacer otra ecografía y ver el líquido amniótico. Va a venir el celador a llevarla y bla, bla, bla...- la exposición continúa en tono de bronca, pero yo mantengo mi táctica de bicho bola (tampoco me habría salido hacer otra cosa en tal situación). No recuerdo qué más sandeces dijo, si es que dijo algo más; ya os digo que mi memoria es muy selectiva y ahora mismo está pendiente de un vestido que me he comprado y que me entregan mañana porque tenían que arreglarme el bajo.

La psiquiatra, que había guardado silencio pacientemente hasta entonces, pide a la Fistra que espere unos minutos antes de la ecografía, porque aún no hemos terminado y "estamos trabajando". Yo pienso "qué grande es esta mujer" y me pregunto qué haría la dra. Fistra si la psiquiatra entra en una habitación, la pilla "con las manos en la masa" y encima la interrumpe sin piedad.

La dra. Fistra se gira hacia la psiquiatra y le dice:
- No te preocupes, tendrás tiempo de verla más veces, esta señora va a estar aquí mucho tiempo- así, sin dirigirse a mí, como si yo fuese parte del mobiliario. Ojalá pudiese metamorfosearme de bicho bola en avispa y picarle en esa pepitilla pocha de amargada undersexed que debe de tener... O no, mejor no; antes de tocarle ahí, me corto el aguijón y hasta el brazo, si procede.

Y después de soltar tamaña bomba, la dra. Fistra sale de la habitación, magnánima y benevolente como la Espe después de inaugurar algo bonito. La psiquiatra y yo nos miramos y flipamos; ella se marcha, prometiéndome que volverá (lo hizo, lo hizo, no lo dudéis).

Unos minutos más tarde, llega la celadora y me lleva a Urgencias en cama y todo. Vamos solas las dos, porque Lord Muchomacho y O. G. han bajado a desayunar y la Fistra parece que les ha instalado un chip localizador, que siempre llega cuando ellos no están. Me los cruzo al salir de la habitación, justo vuelven en ese momento, pero no dejan que O. G. vaya a Urgencias, así que me marcho sin ellos. La celadora está de acuerdo conmigo en que la doctora es un cacho de carne con ojos y que merece que le salgan hemorroides hasta en el cielo de la boca. Qué alivio.

En Urgencias lo paso fatal, porque todas las mujeres me miran y porque hay una señora mayor que, según creo leer en el letrero a los pies de su cama, viene de nefrología. Lo paso mal no por ser la señora paciente de riñón, sino porque la meten en el box a hacer una eco (creo recordar, disculpadme si no era eso, no lo vi) y oigo a los enfermeros dirigirse a ella: "a ver, Ramona, levanta el culo...", "abre las piernas", "ponte así", "Ramona, ¡colabora!" y yo pienso que pobre mujer, bastante tiene con estar enferma y sola en Urgencias para que encima le falten al respeto así...

Me hacen la eco. Todo correcto. Volvemos a la habitación y allí está Lord Muchomacho con nuestro hijo, con la misma cara que si se le hubiesen aparecido juntos Carlos Jesús y Paco Porras para vaticinarle que el fin del mundo coincidirá con las Olimpiadas. Le explico que todo ha ido bien en la eco y él me cuenta que se ha encontrado con la Fistra a la que yo me iba y le ha preguntado qué tal estoy.

- No te lo pierdas. Tú estabas contenta porque te ha bajado la PCR, ¿verdad? Pues la doctora me ha dicho que no me haga ilusiones, textualmente: "tu mujer tiene dos infecciones, una corioamnionitis y otra que aún estamos buscando". Manda cojones, o sea, que ahora que te baja, sabe ella que no tienes una sino dos...

No me queda otra que echarme a reír. La doctora Fistra, capaz de dar dos diagnósticos por los pasillos cuando sus compañeros, jefe de servicio incluido, admiten que no saben qué tengo y si lo tengo. Pero lo del jefe de servicio os lo contaré otro día, que la Fistra lo envió a que me echase la bronca y yo creo que hasta le seduje con mi papel de ignorante dulce de pestañas largas.

Ay, Fistra, como Minimacho llegue a término te juro que me presento a verte y te lo restriego por la cara para que te enteres... Pero esperaré a que el niño esté bien cagado, para saturarte el bulbo olfativo a ver si te desmayas.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Lady Vaga se organiza

Queridas y queridos, es maravilloso a veces dedicarse al dolce far niente por cuanto nos ofrece la oportunidad de dedicar nuestras horas a pensar, divagar, elucubrar, reflexionar... Esa deliciosa gimnasia mental para la cual "el ajetreado ritmo de vida actual", como dicen los anuncios de suplementos alimenticios, no nos deja espacio habitualmente.

Creo que hay pocas cosas más estéticas que una mujer arrellanada en su sofá Chesterfield de cuero blanco, meditando mientras bebe lánguidamente su rooibos, los pies descalzos y la cabeza llena de ideas. Mola, ¿eh? Pues esa soy yo, señoras y señores. Divina hasta de reposo, no puedo evitarlo.

En fin, que me voy del tema (no es en vano que me llaman "La diva que divaga"): entre otras cosas que no vienen a cuento y que ya os contaré, proyectos futuros no directamente relacionados con mi propósito actual, creo que es importante prestar atención a dos cosas en este momento:
  1. Estamos en plena Semana Mundial por el Parto Respetado (SMAR, según las siglas en francés, puesto que de allí viene la idea) y varias asociaciones están organizando actividades conmemorativas. Si tenéis tiempo, ganas y permiso para salir (a mí me falta el último y eso que soy mayor de edad, snif) haréis bien en no perdéroslo. Echad un vistazo a El Parto Es Nuestro y SINA para enteraros de todo.
  2. Como algunos ya sabéis, el 7 de junio se celebra el Día Mundial de los Derechos del Nacimiento y más de cuatrocientos locos hemos decidido unir nuestras fuerzas para convertirnos en una especie de Mazinger Z virtual que, en vez de soltar los "¡puños fuera!", mandará un aluvión de cartas a la SEGO (cuyo presidente nos ha hecho pasar tan buenos ratos con sus jocosas declaraciones sobre la atención al parto en nuestro país) y a los ginesaurios con los que más de una ha tenido la desdicha de encontrarse yendo sin bragas.
Desde mi sofá, os animo a tomar parte en estas acciones, que no conllevan un gran esfuerzo por vuestra parte (ni por la mía, faltaría plus). Lo de la SMAR es pasarse por donde más os apetezca y aprovechar para conocer gente interesante (sé de algunos que incluso se enamoran y esas cosas, pero si vuestras parejas os leen esto, decidles que Lady Vaga hablaba en sentido figurado); lo de las cartas es coger el Plan de Parto Subversivo y enviarlo en un sobrecito a la SEGO y/o al gine de vuestra elección, o incluso a los medios de comunicación si os sentís inspirados.

En fin, queridas y queridos, os dejo por hoy, no sin antes recordaros que la divina Lady Vaga ya está en twitter (Lady_Vaga) para lo que vuesas mercedes precisaren.

Saludos horizontales,
Lady Vaga.

martes, 17 de mayo de 2011

Maniobras de Domesticación: breve enumeración

Queridas y queridos, os debía desde hace varios días una entrada detallando las variadas Maniobras de Domesticación que emplean algunos batasblancas en su diario quehacer para mantener a los pacientes en un estado de atontamiento y sumisión cómodo para los profesionales que les atienden.

Definiremos, por tanto, Maniobra de Domesticación (MD), como "aquella técnica, procedimiento o acción encaminada a socavar la autonomía del paciente con el fin de tornarlo en un sujeto sumiso, maleable y no incómodo que no haga preguntas ni cuestione la oportunidad ni el fin de las intervenciones que se lleven a cabo sobre su cuerpo".

De momento, lo dejo así, pero ya os comenté en su día que esta definición es susceptible de ser ampliada, modificada o enmendada por vosotras, ilustres visitantes (permitidme que, por ser mayoría de chicas, emplee el femenino como colectivo).

En este texto, me limitaré a enumerar las principales maniobras (las que yo he conocido, sin perjuicio de que existan otras a las cuales no me he visto expuesta, pues el mundo es vasto y algunos médicos muy bastos) para, en una entrada futura, poner ejemplos concretos vividos por mi excelsa persona durante mi estancia en el Hotel Espe y en otras ocasiones (aclaro que siempre en relación con los temas de embarazo y crianza, pues en otros ámbitos he dado con profesionales serios que me han permitido preguntar, indagar y salir tranquila de la consulta sin sentirme como si mi cuerpo fuese una bomba de relojería).

Así que, señoras y señores, remanguémonos las camisas de seda natural y manos a la obra (sólo los dedos, en realidad, y las neuronas, que estoy en reposo). Maniobras de Domesticación:
  1. Racionar la información, o directamente, ocultarla al paciente y sus familiares: esta MD es altamente efectiva, pues consigue sumir al sujeto en un estado de angustia e incertidumbre que prepara su mente para futuras maniobras. Variante: dar diferentes informaciones al paciente y a los familiares, para confundirles e indignarles, dejando así el terreno abonado para lo que vendrá.
  2. Vaticinar consecuencias terribles o que parezcan desmesuradas: si el paciente no es consciente de su gravedad real, o percibe un gran desfase entre su propia sensación física y el desastre que se le predice, se incrementa su ansiedad y comienza el proceso de destrucción de su autoestima.
  3. Especular sobre el estado mental del paciente delante de él ("es que esta señora está histérica"): se insinúa, o se afirma claramente, que la reacción del paciente ante la hecatombe que, según el médico, se avecina, es excesiva y propia de personas con escaso equilibrio mental. Una vez más, el objetivo es que el paciente y sus familiares confíen cada vez menos en su propio criterio y decisiones y se pongan en manos de los médicos sin preguntar.
  4. Hablar del paciente como si él no estuviera (pero está):  reafirma en el paciente la idea de que las decisiones no dependen de él, pues se espera que actúe como una mera pieza en un engranaje, un objeto sobre la mesa en el cual otros actúan e intervienen.
  5. Reforzar la autoridad médica en detrimento de la autonomía del paciente: se consigue mediante frases ("somos los que sabemos", "usted no es médico"), actitudes (entrar sin presentarse o sin llamar a la puerta, ignorar una pregunta, salir sin dar opción a preguntar o sin despedirse) y actos (prescribir una medicación o programar pruebas sin informar al paciente previamente).
  6. Manipular el cuerpo del paciente sin su consentimiento: por ejemplo, colocando en las vías medicación sin indicar qué es o haciendo un tacto vaginal sin avisar (o, habiendo avisado, "aprovechar" para despegar las membranas, romper la bolsa...). Esta maniobra supone la culminación de las anteriores, que, si se han ejecutado metódica y correctamente, habrán convertido al paciente en un pelele dócil. Representa el éxito total en el proceso de despersonalización del sujeto, el cual, cosificado y mentalmente agotado, no pondrá objeciones ni dificultades a sus cuidadores.
Como podéis ver, este pequeño catálogo de "putaditas" que no me he inventado (no me da la imaginación para tanto, ya me gustaría) es utilizado (espero que inconscientemente) por algunos "profesionales" (entrecomillo porque creo que los médicos serios de verdad valoran que un paciente se interese por el tratamiento, la posible evolución y las secuelas presumibles de su proceso) para mantenernos en un estado de atontamiento que nos haga más cómodos de manejar, pues hay mucha gente que atender, poco tiempo y esta tarde hay que ver el fútbol/ir de compras/mirar el vídeo del mono que se depila a la cera en Youtube.

Consecuencias sobre el paciente (no necesariamente en orden cronológico):
  1. Descenso de la confianza en sí mismo: "no me entero de nada".
  2. Dudas sobre el propio cuerpo: "yo me encuentro bien, pero si me hacen tantas pruebas, será que estoy peor de lo que creo". Importan más los valores de una analítica que la percepción propia sobre la salud.
  3. Pérdida de interés en el proceso: "para qué preguntar si no me van a contar nada y no me voy a enterar". El paciente comienza a sentirse menor de edad. Desconecta de su propio cuerpo.
  4. Sobrevaloración de los médicos: "ellos son los que saben, tanto que ni me entero si pregunto".
  5. Sumisión: "pues nada, aquí estaré hasta que ellos quieran y que hagan lo que tengan que hacer". El paciente renuncia, "voluntariamente", a su autonomía y capacidad de decisión, que cede a los médicos.
Si no os suena de nada esto que cuento, ¡enhorabuena! Pero si reconocéis alguna de estas prácticas, habéis dado con un cachocarne vestido de blanco al menos una vez en vuestra vida, que de todo hay por ahí.

Ahora, queridas y queridos, permitiréis que me despida, pues es la hora de comer y mis tripitas empiezan a rugir cual león de la Metro, no sin antes enviar un cariñoso saludo a todos los buenos profesionales sanitarios que nos permiten preguntar, dudar, reaccionar humanamente ante ciertos anuncios poco halagüeños y sentirnos tratados como personas y no como números durante nuestra enfermedad. A todos ellos, gracias.

Lady Vaga.

viernes, 13 de mayo de 2011

Lady Vaga y las tetas de su amiga

Estos días de reposo involuntario que tan bien se me da cumplir tengo tiempo no sólo de dedicarme al blog y a otros cibermenesteres, sino que he recuperado mi vida social en forma de conversaciones telefónicas y visitas. Como imaginaréis, queridas y queridos, no todas las presencias son igualmente bienvenidas en mi humilde casoplón, pero como una es, por encima de todo y pese a quien pese, una dama, me aguanto y les recibo con amabilísima sonrisa mientras me piso el juanete izquierdo con el tacón derecho (tranquilos, no padezco de hallux valgus, pero apretando justo donde saldría consigo el mismo efecto que otras mordiéndose la lengua, cosa que yo no debo hacer porque si no puedo vocalizar como es debido mi vida carecería de propósito).

Una de esas presencias no-tan-deseadas tuvo, sin embargo, la delicadeza de no invadir mi dulce hogar, limitándose por tanto al asedio telefónico (y ahorrándose quizá un bofetón). Tras varios intentos infructuosos por su parte (¡gracias, identificación de llamada! Serías el invento perfecto si te materializases en la forma de un mayordomo chulazo que me adecentase la casa y me preparase ricas comiditas, ¡ay!), me aburro de pasar de ella y descuelgo.

Como las damas no dan los nombres de aquellos con quienes han tenido un escarceo y yo soy una dama (segunda vez que lo digo en esta entrada, por si no os había quedado suficientemente claro) en pijama o vestida de Prada, tampoco os diré el nombre de esta individua, para salvaguardar su estupidez intimidad, aunque os aclaro desde ya que no ha habido escarceo entre ella y yo y sí más de una escaramuza dialéctica como la que a continuación tendréis ocasión de disfrutar.

Reproduzco la conversación tal cual mi memoria me permite (antaño fue eidética, hogaño es más bien poética), así que disculpad posibles inexactitudes, errores de raccord u otros detalles nimios. Y si no queréis disculparlos, cerrad esta ventana, que el blog es mío y aquí la diva soy yo. ¡Dónde vamos a parar!

Para regocijo vuestro y escarnio de la coprotagonista de la historia, la llamaremos... Mmmh... Pitusa. Pitusa es un nombre que me suena a pija tonta con profundidad intelectual equivalente a un vaso de chupito, aproximadamente. Lo siento, Pitusas del mundo.

Pitusa: ¡Lady! ¿Cómo estás? ¿Sigues de reposo?
Lady Vaga: Pues sí, hasta nueva orden, aunque me van dando permiso para mover algo más que las pestañas, querida.
P: Pues yo te tengo que contar... ¡Me he operado!
L: ¿Mmmh?
P: Hija, del pecho, que no te enteras... Si te lo llevo anunciando más de un año.
L: Ay, es verdad, es que me he dedicado egoístamente a preocuparme de mi útero y reconozco que no he pensado para nada en tus lolas...
P: Pues de lolas, nada, bonita, que ahora son domingas. ¡Cuando te las enseñe, te vas a caer de culo!
L: ¿Te han quedado bien? Porque me alegro un montón, nena- en este punto comienzo a aburrirme de la conversación, pero disfrazo mi bostezo de suspiro, que queda más chic.
P: Divinas, Lady, divinas... Ni cuando teníamos veinte años las teníamos tan alpinas- habla por ti, pienso yo, que las mías desafiaban a la gravedad y te saltaban un ojo si te acercabas demasiado-. Además, que ya me preocupé yo de buscar al mejor cirujano de España, que no iba a ponerme en manos de cualquier carnicero...
L: Claro, claro, nena, que son cosas delicadas...

Para que no os aburráis, resumo, aun a riesgo de perder la gracia: Pitusa me explica (o me recuerda, mejor dicho, porque ella ya os ha avisado de que esto coleaba desde hace más de un año) que ha visitado nada más y nada menos que a seis cirujanos, seis, a cuyas consultas acudió con una lista de preguntas sobre las ventajas e inconvenientes de la operación, tipos de incisión, posibles problemas con la anestesia, tiempo y condiciones de la recuperación, tipo de implante (material y punto de implantación), etc. Es que Pitusa es una chica moderna y no pone su cuerpo y su dinero en manos de cualquiera; hasta ahí, bien. A dos de los médicos, que a priori le gustaban menos (después de haber rastreado todo Internet y parte del extranjero en busca de los mejores profesionales), les envió el cuestionario por e-mail para no perder el tiempo yendo a verles si sus respuestas no le cuadraban.

Después, la dicharachera Pitusa buscó la financiación, miró qué fecha le venía mejor para quirófano y recopiló tropecientos testimonios de otras chicas para no quedarse con duda alguna. Por último, se fue al Women's Secret y se compró tres conjuntitos de la talla que esperaba alcanzar para tener algo que ponerse en cuanto pudiese sin necesidad de salir a comprar a toda prisa.

Es en este punto, después de un cuarto de hora de exposición quirúrgica aderezada con unos quince "sabes" (de los que arrastran la ese) por minuto, cuando mi limitada provisión de paciencia se acaba.

- Pitusa, bonita, que estoy pensando que no deja de ser curioso que tú, que te has pasado año y pico buscando médico y medios, me dijeses cuando te conté que buscaba un parto respetado, que para qué me iba a gastar pasta en algo que me cubría el seguro privado y que también me hacían por la Seguridad Social... ¿No ves que para mí es tan importante darle un nacimiento digno y tranquilo a mi bebé como para ti ponerte las tetas?

- ¿Qué? Nena, no, ni de broma. Que lo mío no lo paga la Seguridad Social porque es algo especial, pero parir, todos los días pare alguna.

- Que sí, chata- la vena de la sien comienza a palpitarme-, lo cubre principalmente porque TODOS tenemos que nacer al menos una vez en la vida, así que es un servicio básico; lo cual no quiere decir que se haga en las condiciones idóneas, por eso me busco yo la vida.

- Lady, mira, no compares. Que yo las tetas me las veo todos los días y las disfruto twenty four seven, pero el parto es un rato y ya. Y al fin y al cabo, todos los niños terminan por salir... Tú es que te has vuelto muy naturista, chata.

- Y tú un poco gilipollas, cariño. Y ahora me vas a perdonar, pero tengo que reunirme con el chamán de la tribu a ver si los astros me son propicios para parir con el culo en pompa bajo el árbol mítico de nuestra secta-hermandad.

Y sonriendo, siempre sonriendo (como me enseñó mi profesor de RR. PP., un señor acartonado al que llamábamos Estrellito Castro por motivos que otro día listaré y que decía que siempre había que sonreír al hablar por teléfono, "porque se nota, jóvenes"), colgué el teléfono. Que no está una para que le toquen la cicatriz y menos sin pedir permiso.

Blogger, me tienes contenta

Queridas y queridos, como veréis, faltan las entradas de estos últimos días. Que no pasa nada grave porque eran resúmenes y, por tanto, prescindibles, pero es un fastidio que este Blogger nuestro se jeringue inoportunamente y encima me chafe mis currados textitos.

Se supone que, según Blogger, esas dos entradas volverán a aparecer en cierto momento que yo ignoro. Lo que más me molesta es que había puesto una foto del plan de parto viajero y tampoco aparece ahora y yo pensaba añadir otra, pero por si acaso la recuperan, no lo haré todavía, no vayamos a hacer un nudo en el tejido del espacio-tiempo y se colapse el universo conocido.

Besos cansados,
Lady Vaga.

jueves, 12 de mayo de 2011

Otro resumen (y ya no más, lo prometo)

Queridas y queridos:

Gracias a la inestimable colaboración (¿qué digo colaboración? ¡¡¡Empuje, creatividad, explosión de vitalidad!!!) de la siempre energética y entusiasta Lady Rabbit, alias Miss Electrón 2011, hoy ha sido un día más fructífero que el cerezo de mi huerto (no es una metáfora, es un arbolito de verdad).

  • Hemos cerrado la encuesta y escogido para la nueva página de Facebook el nombre más votado, así que será allí donde nos coordinemos todos los que tenemos esta vena subversiva, que ha aflorado gracias al nunca suficientemente ponderado poder del Plan de Parto Subversivo. Podéis encontrarla aquí.
  • Hemos decidido coordinar un envío masivo de Planes de Parto a la SEGO y otras entidades (para eso está la página de Facebook), para que se enteren de que ya estamos muy hartas de que algunos profesionales nos traten como nueces (y ellos son los cascanueces, claro), que no importa destrozar la cáscara para sacar el fruto. Pues, no, señores: puede que no seamos médicos, pero tampoco somos iletradas y no pueden ustedes ignorar la evidencia científica sistemáticamente. Se lo decimos con humor pero sin condescendencia.
  • La simpar Sascha ha creado una etiqueta en twitter (los finolis las llaman hashtag) para poder unificar todo lo que se comente respecto al Plan de Parto: #ppartosubversivo. Por cierto, si quieres seguir a Lady Vaga y sus fantásticas peripecias, no te prives (@Lady_Vaga).
Por cierto, en lo que llevamos de mayo ya se han superado en el blog las visitas del mes de abril. Empiezo a pensar que, cuando se acabe mi reposo, más de una se va a aburrir como una ostra... Y volverá a ser productiva en el trabajo por puro tedio.

En fin, queridas y queridos, creo que no se me olvida nada por ahora. Prometo que la siguiente entrada volverá a ser productiva, estilosa y llena del glamour al que os tengo acostumbrados y que en ella relataré alguna de mis increíbles y horizontales idas de olla aventuras.

Besos al final del día,
Lady Vaga.

Resumen de varias chorradas.

Queridas y queridos, mi dulce no hacer nada se ve a veces interrumpido por picos de frenética actividad cerebral (escasos, lo sé, porque no me da para más el coco, es lo que tiene ser Vaga) tachonados de disparatadas ideas que encima Lady Rabbit se dedica a jalear (por no hablar de las que ella misma se saca de la azotea, privilegiada e ingeniosa a la par que terrible), algunas de las cuales paso a reseñar:

  • Crear una página en Facebook donde colgar información sobre el parto respetado, compartir ideas y coordinar acciones. Esto no es idea mía, salió a raíz de la difusión del Plan de Parto Subversivo y es un poco un sueño común, creo, con el objetivo de concienciar a las mujeres de que no se dejen hacer pasivamente, que se informen y decidan por sí mismas. Pondremos enlaces a asociaciones serias y entidades afines. La encuesta que veis a la derecha de la página es precisamente para elegir entre todos el nombre que le pondremos a la página y que pretendemos sea humorístico, pues será el tono que mantengamos.
  • Continuar con la difusión del Plan de Parto Subversivo, repartiéndolo por hospitales, centros de salud... Por donde queráis. Si me enviáis una foto, la publicaremos en el blog (ladivaquedivaga gmail.com). Animaos, que igual nos hacemos todos famosos...
  • Hacerme una cuenta en twitter. Si queréis seguir mis idas de olla, podéis hacerlo @lady_vaga, o algo así, aún no lo controlo mucho.
Y creo que, por hoy, esto es todo... Votad en la encuesta, no seáis vagos, que para eso ya estoy yo. Ah, sí: anteayer el blog tuvo más de mil visitas en un día; ya sé que no son muchas, pero para mí es alucinante, no olvidéis que mi objetivo es pasar el rato... Y que haya alguien al otro lado es más que gratificante. Os agradezco mucho, de verdad, que contribuyáis a hacerme sentir tan acompañada y respaldada en estos meses de incertidumbre.

Besos perezosos,
Lady Vaga.

martes, 10 de mayo de 2011

Lady Vaga, en la consulta de embarazo

Queridas y queridos, que el comienzo de nuestras acciones reivindicativas destinadas a cambiar el modo en que se atiende el parto en nuestro país no nos distraiga del objetivo principal de mi blog: contar mi entretenidísima vida (para mí es una ironía clarísima, pero sé de buena tinta que alguno de mis lectores se mueve todavía menos, y no quiero señalar a nadie por no gastar calorías) y entretenerme aún más hasta que llegue septiembre.

Por eso, no puedo dejar pasar la ocasión de contaros que he estado en el hospital para continuar con mi control de embarazo y todo ha ido bastante bien. La doctora era la misma indiscreta que me reveló sin yo quererlo el sexo de mi querido Minimacho (el cual, por cierto, tiene ya un formulario esperándole en la mesa del despacho para que lo rellene nada más nacer, en el cual solicitamos su ingreso en el Circo del Sol, dada su habilidad gimnástica para saltar a la comba con el cordón y realizar todo tipo de piruetas sin red) y no os creáis que se privó de repetirlo cuando quiso hacer una eco rápida para comprobar el latido.

- Es un varoncito, latido correcto...- ni que decir tiene que a mí, a estas alturas, ya me da la risa. Si los secretos del gobierno estadounidense dependiesen de esta mujer, el de Wikileaks no habría tenido problema alguno, puesto que ella los publicaría en el ¡Hola! a la mínima de cambio, entre fotos de la Preysler y la Beckham tomando el té en alguna mansión barrocamente decorada. Yo empiezo a pensar que en mi historial han anotado algo del estilo de "le jode que le digan el sexo del bebé" y me lo repiten en cada visita; ya van cuatro veces en tres consultas, ¡qué insistencia!

Lo importante es que todo está correcto, al menos a simple vista, y yo me encuentro fenomenal, así que de momento sigo descansando en casa con permiso para ir incrementando mi nivel de actividad física (¿no es suficiente actividad hacerme la pedicura con esta barriga de cinco meses y cocinar para dos hombres cuyo épico saque gastronómico haría temblar a Gargantúa y Pantagruel? A ver si esta mujer va a querer que sude y todo... ¡Uf!). Eso sí, del alta ni hablamos hasta el mes que viene, lo cual por una parte me entristece (aunque os parezca mentira, echo de menos el trabajo -hasta cierto punto- ya que trabajo con Lord Muchomacho y me gusta estar a su lado) y por otra me alivia (puesto que mi lugar de trabajo no reúne las condiciones para que una mujer embarazada desempeñe su labor, y lo sé de buena tinta ya que me pasé mi primera gestación trabajando a jornada completa cual esclava egipcia constructora de pirámides).

La doctora me dio el volante para solicitar la analítica del segundo trimestre, pero especificó que aún no haríamos el test de O'Sullivan, de lo cual me alegré enormemente, ya que cuando estaba embarazada de O. G. me costó horrores tragarme aquel brebaje cuyo sabor y color me recordaban a la Fanta de naranja portuguesa (sí, no es como la Fanta de aquí; si queréis beber refresco de naranja en Portugal sin que os den pampurrias, pedid un delicioso Sumol o un zumo de naranja natural, que los preparan con gran estilo y hasta sombrillitas en la copa), pero encima más densa. A mí me parecía como si bebiese leche condensada aguachinada con sabor a naranja, un horror, y me juré a mí misma que jamás repetiría.

Total, que cuando bajé al mostrador a citarme veo que sí, que me ha pedido el O'Sullivan... Y yo no he comentado con ella nada de mi negativa a realizármelo ni ella me ha dado hoja alguna de consentimiento informado ni explicaciones al respecto, así que me tocará cuando vaya hablar con la enfermera y a ver si insiste o me entiende.

Anyway, el balance de esta visita es francamente tranquilizador y yo cada día estoy más convencida de que Minimacho se pasará el verano escondidito en la barriga de su estilosa mamá, que podrá aprovechar (¡por fin!) la piscina de casa para darse chapuzones con el pequeño O. G., cuyo último descubrimiento es que, al dar una palmada en el agua, esta salpica por todas partes y lo que le cae en la cara le sirve para peinarse, lavarse el morrete y hacer buches sin encomendarse a nadie.

Corto y cierro, que escribir es muy cansado,
Lady Vaga.

¡Ya tenemos foto!

Bueno, como algunas cuyos nombres no diré en voz alta porque se materializan de la nada y me dan unos sustos que no veas no se enteran ni del No-Do y no encuentran la nueva galería, os lo pondré fácil con una explicación para dummies:

Mirad a la derecha de la página, ¿veis que pone "Páginas"? ¿Y una de ellas se llama "El Plan de Parto Subversivo, en imágenes"? Pues ahí. De nada.

Ahora lo que falta es que os animéis y difundáis la palabra. ¿Por qué no? Pegad el Plan de Parto en vuestro centro de salud, en el hospital, en el cristal del autobús, en la parada, en el tablón de anuncios de la facultad, ¡donde os dé la realísima gana! Y eso sí, mandadme una foto para deleite, descojonación y enamoramiento a distancia, que todavía sigo en reposo y me aburro.

Vamos a hacer un hall of fame (léase "jolofféim") que ríete tú de la alfombra roja de la Gala de los Oscars.
Besos noctívagos, Lady Vaga.

viernes, 6 de mayo de 2011

La visita de Helena

Queridas y queridos, permitidme que sea Helena quien figure en el título de esta entrada, aun a riesgo de que alguien pueda sentirse menospreciado. Nada más lejos de mi intención, pues de sobra sabéis, cada uno de los que compartísteis mi encierro en Espe's Hotel, que agradezco todas vuestras visitas, las palabras, los mensajes al móvil, los e-mails y la presencia. Sin embargo, por algún lado hay que empezar y tengo que reconocer que la visita de Helena me marcó especialmente.

Helena es una de esas personas cuya entrada en una habitación es precedida por una luz peculiar en el ambiente. Ya sé que decir esto es ponerme más mística que Yola Berrocal en Hotel Glam (y que Lady Vaga tiene de mística lo mismo que una gamba con gabardina tiene de fashion victim), pero es que es verdad. Entró junto a Ibone (a quien nunca agradeceré suficientemente lo bien que me cuidó durante mi ingreso... Y, claro, tirando de la madeja, tengo que darle a Angela un besazo de tornillo cuando vuelva a verla, pues fue ella quien avisó a Ibone con la rapidez de un Flash dopado... Y a Lord Muchomacho, que mandó el mensaje a mis queridas chicas con tanta diligencia que casi le da a enviar antes incluso de encender el ordenador, tal es su velocidad cuando algo es importante) un día que ya no recuerdo, en un momento en que yo estaba sola.

Había visto a Helena una vez antes, en la asamblea, pero no había tenido ocasión de hablar con ella, así que no sabía quién era esa desconocida que me sonreía con una calidez y una alegría capaz de fundir la televisión, la Nintendo DS y hasta el microondas, si lo hubiese tenido. Porque cuando Helena sonríe, toda su cara lo hace; hay personas que sonríen con la boca, pero ella añade los ojos y hasta las cejas, todo su cuerpo parece acompañar ese sencillo gesto.

Ibone me explicó quién era y ella se sentó junto a mí en la cama y me habló con dulzura, con empatía, con conciencia. Se me saltan las lágrimas al recordarlo... Me vino a la cabeza "Un tranvía llamado Deseo", pues yo también había confiado siempre en la bondad de los extraños y ella venía a devolverle el sentido a aquel pensamiento después de unos días en los que había intentado echarlo por el retrete varias veces.

Helena me puso la mano, suave y calentita, sobre la barriga -que en aquel entonces, de catorce semanas y algo, todavía no era prominente-, siempre con aquella enorme sonrisa, y yo le dije:

- Helena, ¿a que te da buen rollo esto? ¿A que tú crees que vamos a salir adelante?

Y ella, por toda respuesta, con aquella sonrisa que llenaba todo, dijo que sí. Y yo supe que sí, que íbamos a conseguirlo, no en vano mi hijo había sido visitado por sorpresa por un ángel.

Y ahora os dejo, que llorar no es bueno para el cutis y yo me estoy "pegando una pechá", como dicen por...

jueves, 5 de mayo de 2011

Pon un plan de parto en tu vida... Aunque no estés embarazada

Queridas y queridos, visto el éxito del Plan de Parto Subversivo de Lady Vaga y atendiendo a las peticiones que me habéis hecho llegar, sin más demora procedo a dejaros aquí el Plan en formato .pdf para que podáis imprimirlo y emprender acciones reivindicativas o simplemente empapelar vuestro cuarto de baño con mi prosa inspiradora.

No hace falta que me deis las gracias, soy así de magnánima y creo que es mi deber compartirme con el mundo. Lo único que os pido a cambio es una foto vuestra junto al Plan en el lugar donde lo coloquéis, sea una pared, una farola o debajo de un puente, para confeccionar una pequeña galería con vuestras aportaciones.

Vuestra segura servidora (pero no me hagáis levantarme),
Lady Vaga

martes, 3 de mayo de 2011

Más sabe la Fistra por viejuna que por Fistra... (Punto para la doctora Fistra)

Queridas y queridos, la doctora Fistra y yo empezamos con mal pie (ella no quería explicar, yo quería preguntar) y no fuimos lo bastante empáticas, asertivas, proactivas y todas esas cosas que dicen los manuales de autoayuda como para arreglar lo nuestro, así que sus visitas a mi habitación eran tan rápidas como si la poseyesen Ayrton Senna y Emerson Fittipaldi a la vez, lo cual me dejaba mustia y preocupada cual geranio desatendido por su abuelita propietaria.

Lord Muchomacho, que suele tener la cabeza varios grados más fría que yo, sostiene la teoría de que la amable galena esperaba a que él no estuviese en la habitación para hacerme la visita a solas y no dar grandes explicaciones, aprovechando mi vulnerabilidad. No es el único defensor de esta idea entre mis amigos, pero no creo que yo tenga muchas más conversaciones con la doctora en lo sucesivo como para preguntárselo en un clima de franca camaradería y, la verdad, tampoco sé si me apetece.

El caso es que el segundo día ella estaba bastante enfadada conmigo por "chivarme" a una enfermera de que no me había querido explicar nada hasta que yo le pregunté (Maniobra de Domesticación número 1, MD1 en lo sucesivo), pero en un arrebato del que luego se arrepintió, sugirió a Lord Muchomacho que apuntásemos todas nuestras preguntas y cuitas en una hoja y luego, durante la visita diaria (que fue visita de achantamiento a la Vaga, con amenaza de sepsis que me iba a dejar tiesa en unas horas incluida, MD2), nos las respondería con gusto. Pues bien, así lo hicimos y jamás nos dio ocasión, pues la visita aquel día fue tan rápida como la anterior, unos cuarenta segundos en total según mi cronómetro mental.

Creo que fue al día siguiente (las neblinas del olvido comienzan a cubrir esos días infames y todos iguales, por suerte, lo cual significa que mi vida se vuelve a llenar con las quisicosas cotidianas que en estos instantes me parecen todas maravillosas) cuando la doctora ordenó que me bajasen a Urgencias en la cama (en la cama iba yo, no es que el área en cuestión se ocupase de urgencias acaecidas en el lecho) para una ecografía que ella misma me haría. También mencionó que aprovecharía para hacerme allí la visita.

- Cariño- le dije a Lord Muchomacho, muy contenta-, hoy la doctora no tiene escapatoria, puesto que quien baja soy yo, así que no puede echarme del box y tendrá que responder a todas nuestras preguntas, trinca la hoja que allá vamos...

Y así fue, dejamos a O. G. con la adorable Verónica y acompañamos al celador por el laberinto de pasillos del cual yo sólo veía pasar las luces, como si de un episodio de House se tratase. Como la doctora no especificó si, al ser nosotros quienes nos desplazábamos a sus feudos, habría sido de buen gusto llevar unos pastelitos o algún otro manjar para degustar con un café, me limité a llevarme a mí misma (o mejor dicho, ser llevada) convenientemente aseada y sonriente. El simpático celador aprovechó el camino para confirmar nuestras sospechas: era de cultura general que la doctora Fistra hace honor a su nombre y no es especialmente conocida por su capacidad de ponerse en la piel de la paciente y de informar con veracidad (supongo que por eso no se dedicó al periodismo), le gusta más jugar a asustar a la incauta que, postrada en la cama, acaba llorando con la primera enfermera que tiene la ocurrencia de entrar a preguntar qué tal.

Llegamos a nuestro destino; había otras mujeres allí sentadas, cada una con su propia historia que contar, la cabeza llena de preocupaciones y el corazón acelerado, pero al verme llegar en la cama con mi real séquito se distrajeron de sus problemas y se quedaron mirándome con curiosidad. Me alegré de ir tapadita y de que Lord Muchomacho estuviese junto a mí, ya os dije hace unas entradas que soy bastante tímida, aunque no lo parezca, y si llamo la atención me gusta que sea por ir divinamente arreglada y subida a unos preciosos tacones.

La doctora Fistra, avisada por el celador de mi excelsa presencia, salió a la puerta del box a recibirme. Yo me las prometía muy felices, era mi día, me iba a explicar todo bien y por fin sabría a qué atenerme y si debía prepararme para lo peor o podía albergar aún alguna esperanza para mi Minimacho. Pero, ¡ay, queridas y queridos!, subestimaba yo en mi inocencia la zorruna astucia de mi oponente, pues le dijo al celador:

- No se vaya usted, páseme la cama y me espera fuera, que esta señora termina enseguida y se la lleva usted de vuelta a la habitación.

Y dicho y hecho, el celador me introdujo con cama y todo en el box y la doctora comenzó la visita con la pregunta de todos los días:

- ¿Sigue perdiendo líquido?- pregunta que a vosotros os parecerá oportuna y acertada, pero que yo encontraba cansina y como de no leerse los reportes, pues todos los días informaba a las enfermeras de que no había vuelto a perder desde la noche en que ingresé; por tanto, más conveniente habría sido preguntar "¿has vuelto a perder líquido?", pero, claro, quizá la preocupación por la exactitud en el lenguaje no es uno de los rasgos que la doctora Fistra y yo tenemos en común (tampoco lo son el atractivo físico, desmesurado en mi caso y rayano en el cero en el suyo, ni la capacidad de apearnos de la burra, inexistente en mi ilustre doctorcita).

- No, no he vuelto a perder desde la noche en que ingresé- si estáis hartos de oírlo, imaginaos yo de repetirlo.

Y entonces, ella hizo su Maniobra de Domesticación número 3 (MD3): aprovechando que yo estaba a barriga descubierta, ya preparada para la ecografía, agarró la cinturilla de mis bragas sin darme tiempo a terminar la frase y tiró de ellas hacia abajo, como para comprobar por sí misma si yo decía la verdad o no. Sorprendida y humillada, sólo acerté a ponerme rígida y llevar las manos hacia la zona en un intento inconsciente de detener aquella exploración que mi cerebro identificaba con una agresión, por lo inesperada.

- Bueno, pues vamos a hacer la ecografía. Líquido bien, feto vivo...

Y sin más, me informó de que se me haría una nueva analítica al día siguiente, que seguiríamos con antibióticos por vía intravenosa y que ya me contaría la enfermera y salió ella misma a avisar al celador, no fuese a ser que yo le preguntase algo por sorpresa. No me dio tiempo ni a comentarle que me dolía bastante la garganta, cosa que me echó en cara una semana después... Pero eso es otra historia.

 Conclusiones:
  1. Mi hoja de papel, llena de preguntas redactadas con la pulcra caligrafía de mi amado y amante Lord Muchomacho, murió virgen, pues no hay respuestas a tales preguntas.
  2. Yo me quedé con tres palmos de narices y me pasé el camino de vuelta maldiciendo, mental y verbalmente, a la doctora Fistra, a sus ancestros y a todas las ramas de su árbol genealógico. Lord Muchomacho, más prudente, sólo dijo "qué tía más gilipollas", comentario que fue jaleado por el celador con carcajadas y gestos de aprobación.
  3. La doctora Fistra demostró fehacientemente que, si no le da la gana hacer algo, pues no lo hace, aunque entre dentro de lo esperable por parte de sus pacientes, y que tiene recursos para ello, pues es una persona inteligente y sagaz.
  4. Yo aprendí que de donde no hay, no se puede sacar y me dediqué a continuar con mi táctica de acribillar a preguntas a las sufridas enfermeras, que a estas alturas se rifaban a quién le tocaba entrar a mi habitación a explicarme todo (por supuesto, venía la que perdía).
Así que allí seguí, sin saber qué sucedería (ella tampoco lo sabía, según me informó posteriormente el jefe de servicio, pero no quería admitirlo) ni qué probabilidades había de que mi Minimacho (en aquel entonces, simplemente Baby Garbancito) consiguiese esquivar la inminente infección y agarrarse al cordón como si fuese Indiana Jones en el puente en aquella escena de I. J. y el Templo Maldito. Y sólo me quedaba esperar, resignarme, hacer de incubadora horizontal y espantar los sueños horribles que me visitaban cuando conseguía cerrar los ojos.
    P.D.: Prometo escribir una entrada sobre las Maniobras de Domesticación que me aplicaron durante mi estancia en Hotel Espe y que fueron variadas y divertidas en su conjunto. Por supuesto, podéis aportar las que conozcáis, siempre y cuando se correspondan con la definición que consensuaremos aquí mismo.
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